Fidel Castro no vive dentro de nosotros
ni fuera de nosotros
ni entre nosotros.
Fidel Castro de hecho no vive.
Se pudre debajo de una piedra en forma de flan
a la que se arriman las auras tiñosas a pasarle la lengua y la cosita.
Para eso quedó el comandante
de merenguito en la entrada de un colegio
para que los perros se lo coman y lo vomiten.

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